Toltecáyotl - o de la Toltequidad-
Según la real enciclopedia de la Internet Wikipedia, se llama Toltequidad (en náhuatl, tōl-tēca-yō-tl, trascrito como toltecáyotl) al legado ideológico de las culturas precolombinas de Mesoamérica. El término toltequidad es traducción del náhuatl tōltēcayōtl, a su vez formado por el gentilicio tōltēcātl que era usado también para designar a la ‘persona instruida en artes prácticas‘. Con el tiempo, llegó a ser un título de pertenencia cultural que emplearon para designarse a sí mismos los artesanos y eruditos de Mesoamérica. El primer diccionario de la lengua náhuatl, redactado en el siglo XVI por el padre Molina, traduce el término tōltēcayōtl como ‘arte para vivir‘.
Uso moderno.
La introducción y difusión de ese título en el mundo académico se debe al antropólogo Miguel León Portilla quien, en 1980, publicó un libro titulado “Tōltēcayōtl, aspectos de la cultura náhuatl”. En ese trabajo Portilla resume los principales postulados filosóficos, estéticos y teológicos de las culturas mesoamericanas.
El investigador Guillermo Marín observa: “Si (en el Viejo Mundo) tuvieron el Tao, el hinduismo y el budismo, nosotros tenemos la tōltēcayōtl, el pensamiento filosófico del México antiguo. Si otras civilizaciones tuvieron a Zoroastro, Hermes, Buda, y basaron su alimentación en el trigo, el arroz o la papa, nosotros tenemos a Quetzalcoatl y el maíz… Más que una cultura o etnia, “tolteca” fue un grado de conocimiento de los hombres sabios del México antiguo, y Teotihuacan fue el centro generador e irradiador de la tōltēcayōtl en todo el Ānahuac.”
Pero hablar de la Toltequidad en pasado es caer en el error. La Toltequidad jamás murió. Y aunque su esencia, aún varios cientos de años (tal vez miles) antes de la llegada de los españoles, se encontraba casi extinta, su práctica se mantuvo en secreto por algunos cuantos -no siempre en el lado “positivo”- logrando mantenerla viva a lo largo del tiempo, muchas veces a costa de perder la suya, siempre perfeccionándola y adaptándola a los nuevos cambios sociales que se estaban dando en el México Antiguo. Quiero agregar, a manera muy personal, mi convicción de que, al contrario de lo que muy románticamente se piensa, estos sobrevivientes nunca tuvieron la intención de dar sus vidas por la permanencia de este conocimiento para que nosotros, hombres del futuro, pudiéramos conocerlo y beneficiarnos de él. Si este conocimiento ha sobrevivido, ha sido por mérito propio, por la misma fuerza que lo posee, convoca e impulsa, y si hoy día ha permeado la sociedad moderna, es porque la misma época lo ha propiciado, provocando las condiciones sociales para que así sea.
Los Nuevos Toltecas.
Los “Toltecas del Nuevo Milenio”, como ha querido llamarlos Víctor Sánchez, han comenzado a resurgir por todo el mundo, principalmente en el continente Americano. Desde Alaska hasta Argentina, miles de personas han sido influenciadas por su renaciente ideología. Aunque con pasos tambaleantes, y vista desde múltiples ángulos, la nueva Toltequidad empieza a caminar, a tomar nueva forma, articula poco a poco sus piezas, como un gran rompecabezas, desafiando a quien busque un camino con corazón. Personalidades como Carlos Castaneda, Víctor Sánchez, Don Miguel Ruiz, Ken Eagle Feather, Merilyn Tunneshende, Antonio Velasco Piña, el Dr. Wayne W. Dyer, el investigador Mario Marín entre otros, abanderan este nuevo movimiento, con proposiciones y teorías que conectan y complementan a la perfección, ahora lo sabemos, no sólo con filosofías Metafísicas o “New Age”, sino con interrogantes de corte tan científico como lo puede ser la Física Cuántica.
Estar Conciente de Ser.
Se podría escribir un compendio completo acerca de los conocimientos Toltecas, todos ellos debatibles en tanto la nueva toltequidad se asienta. Pero el centro mismo del conocimiento Tolteca, así como de cualquier otra corriente que tenga por objeto enaltecer el espíritu humano, es el manejo especializado de la conciencia. Los Toltecas alcanzaron tal maestría en este arte, que sus hazañas hoy día nos parecerían del todo imposibles, sacadas de cuentos de Harry Potter. La misma brujería, por cierto, es solo un residuo mal aplicado de ese conocimiento ancestral, procedimientos copiados sin tener el conocimiento interno que los acompaña. Como si un chimpancé viera a un hombre leer un libro y al hacer lo mismo dijéramos que está leyendo.
Para terminar esta entrada, transcribo una pequeña conversación obtenida del libro “El Fuego Interno” de Carlos Castaneda, acerca de los Toltecas y su Historia. Tomen una Diet Coke y disfruten de don Juan.
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“I. Los Nuevos Videntes.
-Mucho tiempo antes de que los españoles llegaran a México -dijo- existían extraordinarios videntes toltecas, hombres capaces de actos inconcebibles. Eran el último eslabón en una cadena de conocimiento que se extendió a lo largo de miles de años. Esos videntes toltecas fueron hombres extraordinarios; brujos poderosos, sombríos y obsesionados que desentrañaron misterios y poseyeron conocimientos secretos que utilizaban para afectar o subyugar a quienes cayeran en sus manos. Sabían como inmovilizar la atención de sus víctimas y fijarla en lo que fuera.
Dejó de hablar y me miró. Sentí que esperaba que yo le hiciera una pregunta, pero no sabía qué preguntar.
-Tengo que hacer hincapié en un hecho importante -prosiguió-, el hecho de que aquellos brujos sabían cómo inmovilizar la atención de sus víctimas. No te diste cuenta, cuando yo lo mencioné no significó nada para ti. No es raro. Una de las cosas más difíciles de admitir es que el estar consciente de ser es algo que puede ser manejado.
Me sentí confuso. Sabía que me guiaba hacia algo. Sentía una aprensión familiar, el mismo sentimiento que siempre me asaltaba cuando don Juan comenzaba un nuevo ciclo de enseñanzas.
-Vamos a hablar del estar consciente de ser -continuó-. Los videntes toltecas, de hecho, fueron los maestros supremos del arte de estar consciente de ser. Cuando digo que sabían cómo inmovilizar la atención de sus víctimas, quiero decir que su conocimiento y sus prácticas secretas les permitieron romper el misterio del estar consciente de ser. Muchas de sus prácticas han sobrevivido hasta el día de hoy, afortunadamente, en una forma modificada. Digo afortunadamente porque esas actividades; como ya te lo explicaré, no llevaron a los antiguos videntes toltecas a la libertad, sino a su ruina.
-¿Usted conoce esas prácticas? -pregunté.
-Claro que sí -contestó-. No hay manera de que nosotros no conozcamos esas técnicas, pero eso no quiere decir que las practiquemos. Tenemos otras miras. Pertenecemos a un nuevo ciclo.
-Pero, ¿usted no se considera brujo, verdad, don Juan? -le pregunté.
-No le hagas, -dijo-. Yo soy un guerrero que ve. En realidad, todos nosotros somos los nuevos videntes. Los antiguos videntes eran los brujos.
“Para el hombre común -prosiguió-, la brujería es asunto negativo, pero de todos modos fascinante. Por esa razón, siempre te animé, en tu estado de conciencia normal, a que pensaras que nosotros somos brujos. Es recomendable hacerlo. Sirve para atraer el interés. Pero, para nosotros ser brujos sería como entrar en un callejón sin salida.
Quise saber que quería decir con eso, pero se negó a hablar al respecto. Dijo que se explayaría en el tema conforme siguiera avanzando con su exposición del estar consciente de ser.
Le pregunté acerca del origen del conocimiento de los toltecas.
-Al comer plantas de poder los toltecas dieron el primer paso en el camino del conocimiento -contestó-. Ya fuera empujados por la curiosidad, o el hambre, o el error, las comieron. Una vez que las plantas de poder produjeron sus efectos, solamente fue asunto de esperar hasta que algunos de ellos comenzaran a analizar sus experiencias. En mi opinión, los primeros hombres que recorrieron el camino del conocimiento fueron muy intrépidos y al mismo tiempo muy desacertados.
-¿No es todo esto una conjetura de su parte, don Juan?
-No, esto no es ninguna conjetura mía. Yo soy vidente, y cuando me enfoco en aquella época sé todo lo que ocurrió.
¿Puede ver los detalles de las cosas del pasado? -pregunté.
-Ver es un sentido peculiar de saber -contestó-, de saber algo sin la menor duda. En este caso sé lo que hicieron esos hombres, no solamente a causa de que veo, sino porque estamos tan estrechamente ligados con ellos.
Don Juan explicó entonces que su uso del término “tolteca” no correspondía a la manera como yo lo usaba. Para mí significaba una cultura, el imperio tolteca. Para él, el término “tolteca” significaba “hombre de conocimiento”.
Dijo que en la época a que se refería, siglos o tal vez incluso milenios antes de la Conquista española, todos aquellos hombres de conocimiento vivían dentro de una vasta área geográfica, al norte y al sur del valle de México, y que se dedicaban a ocupaciones específicas: curar, embrujar, hacer relatos, bailar, ser oráculos, preparar alimentos y bebidas. Tales ocupaciones fomentaban un conocimiento específico, un conocimiento que los diferenciaba del hombre común y corriente. Por otra parte, esos toltecas eran personas que encajaban en la estructura de la vida cotidiana, muy a la manera en que lo hacen en nuestra época los médicos, artistas, maestros, sacerdotes y hombres de negocios. Practicaban sus profesiones bajo el estricto control de cofradías organizadas y llegaron a ser expertos tan influyentes que incluso dominaron todas las áreas vecinas.
Don Juan dijo que después de siglos de usar plantas de poder, algunos de ellos aprendieron finalmente a ver. Los más emprendedores comenzaron entonces la enseñanza de cómo ver. Y ese fue el principio de su perdición. Al pasar el tiempo aumentó el número de videntes, y la obsesión de ver llegó a tal punto que dejaron de ser hombres de conocimiento. Se volvieron expertos en ver y en ejercer control sobre los extraños mundos que atestiguaban, pero todo ello no sirvió de nada. El ver había socavado su fuerza y los había obligado a obsesionarse con lo que veían.
“Sin embargo, hubo videntes que escaparon a ese destino -prosiguió don Juan-, grandes hombres que, a pesar de ver, nunca dejaron de ser hombres de conocimiento. Estoy convencido de que, bajo su dirección, las poblaciones de ciudades enteras penetraron en los mundos que veían, y de ellos no volvieron a salir jamás.
“Pero los videntes que podían sólo ver fueron un fracaso, y cuando su tierra fue invadida por pueblos conquistadores se encontraron tan indefensos como todos los demás.
“Esos conquistadores -continuó- se apoderaron del mundo tolteca, se apropiaron de todo, pero nunca aprendieron a ver.
-¿Por qué cree usted que nunca aprendieron a ver? -pregunté.
-Porque copiaron los procedimientos de los videntes toltecas sin tener el conocimiento interno que los acompaña. Hasta la fecha hay cantidades de brujos por todo México, descendientes de esos conquistadores, que siguen imitando a los toltecas, pero sin saber lo que hacen, o lo que dicen, porque no son videntes.
-¿Quiénes fueron esos conquistadores, don Juan?
-Otros indios -dijo-. Cuando llegaron los españoles, los antiguos videntes habían desaparecido hacía ya siglos. Lo que encontraron los españoles fue una nueva casta de videntes que comenzaba ya a asegurar su posición en un nuevo ciclo.
-¿Qué cosa es una nueva casta de videntes?
-Después que el mundo de los primeros toltecas fue destruido, los videntes que sobrevivieron se recluyeron y empezaron un recuento de sus prácticas. Lo primero que hicieron fue establecer el acecho, el ensoñar y el intento como los procedimientos claves, luego descontinuaron el uso de las plantas de poder; quizás eso nos da cierta idea de lo que realmente les sucedió con las plantas de poder.
“El nuevo ciclo apenas comenzaba a establecerse cuando los conquistadores españoles acabaron con todo. Afortunadamente, para entonces los nuevos videntes estaban completamente preparados para enfrentar ese peligro. Ya eran practicantes consumados del arte del acecho.
Don Juan dijo que los subsecuentes siglos de subyugación les proporcionaron a los nuevos videntes las circunstancias ideales para perfeccionar sus habilidades. Por extraño que parezca, fue el extremo rigor y la coerción de dicho periodo lo que les dio el ímpetu para refinar sus nuevos principios. Y gracias al hecho de que nunca divulgaban sus actividades, se les dejó libres y pudieron explorar y delinear el curso de sus actos.
-¿Hubo un gran número de videntes durante la Conquista? -pregunté.
-Al principio había muchos. En la época colonial sólo quedó un puñado. El resto había sido exterminado.
-¿Y cómo está la cosa hoy en día?
-Hay unos cuantos. Como tú comprenderás, están dispersos por todas partes.
-¿Los conoce, usted, don Juan?
-Una pregunta tan sencilla es la más difícil de contestar -repuso-. Hay unos a quienes conocemos muy bien. Pero no son exactamente como nosotros, porque se han concentrado en otros aspectos específicos del conocimiento, tales como bailar, curar, embrujar, hablar, en vez de lo que recomiendan los nuevos videntes: el acecho, el ensueño y el intento. Los que son exactamente como nosotros no cruzarían nuestro camino. Así lo dispusieron los videntes que vivieron durante los tiempos coloniales para evitar ser exterminados por los españoles. Cada uno de esos videntes fundó un linaje. Y no todos ellos tuvieron descendientes, de modo que quedan muy pocos.
-¿Conoce usted a algunos que sean exactamente como nosotros?
-Unos cuantos -contestó lacónicamente.
Le pedí entonces que me diera toda la información posible; el tema me interesaba de manera vital; me era de suma importancia conocer nombres y direcciones con objeto de validar y corroborar todo lo que me estaba diciendo.
Don Juan no parecía interesado en complacerme.
-Los nuevos videntes pasaron por todas esas corroboraciones -dijo-. La mitad de ellos dejó los huesos en el cuarto donde los corroboraban. Así que ahora son pájaros solitarios. Dejémoslo así. Lo único de lo que podemos hablar es de nuestro linaje. Acerca de eso, tú y yo podemos decir todo lo que queramos.
Explicó que todos los linajes fueron iniciados en la misma época y de igual manera. Hacia fines del siglo dieciséis cada nagual se cerró en sí mismo y aisló a su grupo de videntes para que no tuvieran ningún contacto abierto con otros videntes. La consecuencia de esa drástica segregación fue la formación de linajes individuales. Dijo que nuestro linaje estaba compuesto de catorce naguales y ciento veintiséis videntes. Algunos de esos catorce naguales tuvieron solamente siete videntes con ellos, otros tuvieron once y algunos hasta quince.
April 21st, 2008 at 4:31 pm
Saquen el peyote ¿no? XD. Yo tengo una cita de castaneda que es de mis favoritas hasta este momento, y es acerca de la propiedad… o la estupidez que nos hace creer que somos dueños de algo. No recuerdo exactamente como va, pero la escencia es esta: “Ay carlitos, eres tan apegado a las cosas, que casi estoy seguro de que te despides hasta de tus propios mojones cuando vas al río…” XD
April 29th, 2008 at 10:02 pm
Nosotros somos la armonía del Universo.
Nosotros somos los Hijos del Sol.
Nosotros somos los Hijos de la Madre Tierra.
Nosotros somos los Hijos del Tiempo.
Nosotros somos la relación con todas las relaciones.
IN LAKESH A LAKE, Tú eres yo, yo soy tú.
May 12th, 2008 at 3:52 pm
Hola,
yo solo siento que vivo con el corazon caminando en contra del relog que indica el tiempo actual, vivo en armonia con la naturaleza,el ciclo lunar y las conecciones con el universo, o al menos lo intento o lo busco… yo no tengo ni un maestro , ni un guia, todo lo he leido …y doy gracias por abrir el conociemiento.